lunes, 31 de octubre de 2011

Recuerdos

Entré en aquella pequeña cafetería, estaba tal y como la recordaba. Sus paredes de color marrón oscuro, el techo blanco, y las cortinas verde oscuro que dejaban ver unas enormes ventanas de cristal.
Me senté en el mismo lugar en el que él se sentó la primera vez que vinimos aquí.
Aquella mesa en la esquina más alejada seguía como siempre. Casi puedo ver de nuevo su mirada nerviosa, sus gestos rápidos, sus manos encima de la mesa...
Pero él ya no está.
Me siento y pido un café con leche y abro el sobre de la última carta que escribió y la vuelvo a leer, una y otra vez, una y otra vez.
Llego a un punto en que me sé la carta de memoria y casi puedo recitarla, pero la cierro bruscamente y la aparto de mi, hacia una esquina de la mesa.
Pero de pronto recuerdo algo.
Meto la mano a mi bolsillo del pantalón derecho y saco su pequeño reloj de bolsillo.
Lo miro atentamente y jugueteo un momento con el en mis manos. Y de pronto lo entendí todo.
Era el tiempo que le quedaba, el tiempo que habían escogido para el, el no podía escoger, todo lo habían controlado desde el principio.
Pero ahora...
Ahora era libre, su alma podía volar tranquila sin deberle nada a nadie, sin problemas, sin rencores, sin preocupaciones ni temores.
Y me alegré por él aunque mis mejillas se inundaron de lagrimas...

No hay comentarios:

Publicar un comentario