martes, 28 de abril de 2015

Lobos

Le dio una calada a su cigarro y lo tiró al suelo. Lo piso con sus Air Max y lo apagó.
Debían de ser alrededor de las 12 y aún no tenía ni idea de donde se encontraría.
Era demasiado tarde y aún no había vuelto.
El frío le perforaba los huesos como finos cuchillos que se clavaban en su piel.
Se obligó a tranquilizarse y a esperar con paciencia, no tardaría mucho en llegar.
O eso esperaba.
Un ruido lo alertó, como si alguien estuviera pisando las pocas hojas que quedaban después del frío otoño.
Respiró tranquilo y sonrió.
Pero no era ella.
Su sonrisa se borró de su rostro.
No era más que un lobo. Un bello y grande lobo que lo miraba desconfiado.
No tembló. No se movió, no pestañeó. Ni siquiera respiró.
No estaba asustado.
Solo estaba sorprendido.
Allí no había lobos. O al menos eso creía.
-Quieto, Fantasma - Esa voz. Reconocería esa voz en cualquier lugar - Solo es un amigo.
Y ahí estaba ella.
Tan fina.
Tan bella.
Tan fría.
Tan... tan ella.
Ella y un lobo. Un lobo y ella.
Fantasma. Así se llama el lobo de Jon Nieve ¿no?
Fantasma. El propio nombre le daba más miedo que el animal.
Jamás se habría imaginado lo que estaba a punto de ocurrir...

lunes, 27 de abril de 2015

Demons

Y lo miró.
Lo miró detenidamente.
Observó aquella cicatriz que le atravesaba la mejilla derecha, su nariz recta y perfecta.
Miró su barbilla, prominente y sexy.
Su boca, con unos labios carnosos y rosados que invitaban a morder a cualquier chica.
Miró sus orejas. Perfectas.
Pero lo que realmente llamó su atención fueron sus ojos.
De un color avellana tan hermoso como su rostro. Con unas pestañas largas y negras que parecían querer rozar el cielo en algún momento.
Pero sus ojos eran algo más. Y quizás fue demasiado tarde cuando lo comprendió. Demasiado tarde para entender que ya estaba perdida.
Abducida.
Sin control.
Comprendió que aquellos eran un espejo de su propia alma.
Y a través de ellos pudo ver miles y miles de demonios danzando en ellos.
Como un baile terrorífico.
Como una guerra de dolor.
Dependía de ella. Dependía de ella y de nadie más. Dependía de ella vencer sus demonios. No los suyos propios. Los de él.
Dependía de ella sacar a ese rebelde sin causa de sus demonios. O quedarían sumidos los dos en ellos.