-Eh Renato, ve más despacio - le dijo
Pero él no frenó.
Su risa se escucho por todo el coche, a pesar de llevar la música tan alta que podría reventar los tímpanos de cualquier persona.
Aceleró aún más.
Era demasiado joven, no entendía lo que estaba haciendo.
El copiloto rió junto con él.
-Renato, vas demasiado rápido y la carretera es peligrosa - volvió a decir
Volvió a reir.
No vio la curva.
No vio nada.
Solo sintió.
El coche chocó contra el cercado y volcó.
Ya era demasiado tarde, su cuerpo estaba demasiado maltrecho.
Y ahí quedó.
Miró desde fuera y se lamentó por no haber frenado.
El cuerpo de su amigo yacía sin vida en el suelo, seguramente producto de haber salido disparado del coche.
El copiloto luchaba por salir del coche, quedó sin fuerzas y se desmayó.
Y él.
Pobre chico inconsciente, con su cabeza estrellada y reventada.
Y ahí quedó, atrapado en aquella carretera.
diecinueve años.
Y ahora os digo, no creais que esto es producto de mi imaginación. No. Ojala fuera así. Pero no lo es.
El sabado, día 5 de septiembre, un amigo mio perdió su vida mientras conducía su coche, viniendo de una fiesta, en la cual había bebido hasta la saciedad. No pensó. No pensó.
JODER.
Y ahora no está. Junto con él se llevó otra persona que no tenía culpa de su inconsciencia.
¿Por qué no pensaste? ¿Por qué no esperaste?
¿Por qué tuviste que irte? Yo te debía un café, ¿recuerdas?
¡QUIERO PAGARTE ESE PUTO CAFÉ!
martes, 8 de septiembre de 2015
martes, 11 de agosto de 2015
Sueño 3
Vuelvo a estar en la misma habitación.
Con la misma sensación de terror.
Todo es lo mismo.
Se que hay alguien, puedo percibirlo, pero sigo sin poder verlo.
Pero me tranquilizo.
Se que no va a pasar nada por más que me sienta observada.
Sin embargo mi cuerpo vuelve a estar inmovilizado.
No responde, no se mueve, ni siquiera un poco.
Ese terror vuelve a inundarme.
Escucho una palmada.
La puerta del frigorífico que se abre y se cierra.
En mi interior lucho por hacer frente a ese terror y me digo a mi misma que es mi padre el que ha abierto y cerrado la puerta del frigorífico.
Cierro los ojos para intentar dormirme.
Pero de pronto algo sucede.
La presencia de que hay alguien en mi habitacion, alguien que no conozco, se hace más fuerte.
Abro los ojos aterrorizada y lo veo, hay alguien encima de mi, alguien a quien no puedo verle el rostro pero veo su sombra y su silueta.
Siento su peso sobre mi. Siento como el colchon se hunde.
Veo como desgarra mis sabanas con sus dientes y sé, sé a ciencia cierta que lo próximo que va a desgarrar con sus dientes es a mi.
Intentó moverme, pero es imposible.
Intentó gritar, pedir auxilio, pero mi garganta esta cerrada y lo único que consigo emitir son pequeños jadeos.
Y de pronto vuelvo a despertar. Y vuelvo a estar de nuevo sola en mi habitación.
Con la misma sensación de terror.
Todo es lo mismo.
Se que hay alguien, puedo percibirlo, pero sigo sin poder verlo.
Pero me tranquilizo.
Se que no va a pasar nada por más que me sienta observada.
Sin embargo mi cuerpo vuelve a estar inmovilizado.
No responde, no se mueve, ni siquiera un poco.
Ese terror vuelve a inundarme.
Escucho una palmada.
La puerta del frigorífico que se abre y se cierra.
En mi interior lucho por hacer frente a ese terror y me digo a mi misma que es mi padre el que ha abierto y cerrado la puerta del frigorífico.
Cierro los ojos para intentar dormirme.
Pero de pronto algo sucede.
La presencia de que hay alguien en mi habitacion, alguien que no conozco, se hace más fuerte.
Abro los ojos aterrorizada y lo veo, hay alguien encima de mi, alguien a quien no puedo verle el rostro pero veo su sombra y su silueta.
Siento su peso sobre mi. Siento como el colchon se hunde.
Veo como desgarra mis sabanas con sus dientes y sé, sé a ciencia cierta que lo próximo que va a desgarrar con sus dientes es a mi.
Intentó moverme, pero es imposible.
Intentó gritar, pedir auxilio, pero mi garganta esta cerrada y lo único que consigo emitir son pequeños jadeos.
Y de pronto vuelvo a despertar. Y vuelvo a estar de nuevo sola en mi habitación.
Sueño 2
Vuelvo a estar despierta en mi habitación.
ese terror vuelve a inundarme por dentro, haciéndome temblar y haciendo que mi corazón lata desbocado por la angustia y el miedo.
Se que hay alguien, puedo percibirlo, puedo notarlo, aun sin poder verlo.
Intento abrir la puerta de la habitación de mis padres, como hice la anterior noche, pero mis cuerpo no responde, mis músculos están paralizados.
Estoy en mi cama, despierta, con los ojos abiertos como dos ventanas, viendo todo a mi alrededor, sin poder moverme, consumida no solo por el terror de saber que alguien me observa entre las sombras, si no que encima no puedo moverme.
No puedo defenderme de esa presencia que me aterroriza.
De pronto despierto.
Era un sueño.
Un simple sueño.
ese terror vuelve a inundarme por dentro, haciéndome temblar y haciendo que mi corazón lata desbocado por la angustia y el miedo.
Se que hay alguien, puedo percibirlo, puedo notarlo, aun sin poder verlo.
Intento abrir la puerta de la habitación de mis padres, como hice la anterior noche, pero mis cuerpo no responde, mis músculos están paralizados.
Estoy en mi cama, despierta, con los ojos abiertos como dos ventanas, viendo todo a mi alrededor, sin poder moverme, consumida no solo por el terror de saber que alguien me observa entre las sombras, si no que encima no puedo moverme.
No puedo defenderme de esa presencia que me aterroriza.
De pronto despierto.
Era un sueño.
Un simple sueño.
Sueño 1
Todo a mi alrededor está oscuro.
Mis ojos poco a poco se adaptan a la oscuridad hasta que consigue ver la silueta y la sombra de los muebles, gracias también a la luz de la luna que entra por la ventana.
Una sensación de autentico terror me inunda por dentro, se que hay alguien, puedo notarlo, puedo percibirlo y aún así no puedo verlo.
Me levanto e intento abrir la puerta de la habitación de mis padres, y para mi sorpresa lo consigo.
Así tengo la sensación de que otras presencias pueden ayudarme.
Vuelvo de nuevo a la cama y consigo dormirme.
Mis ojos poco a poco se adaptan a la oscuridad hasta que consigue ver la silueta y la sombra de los muebles, gracias también a la luz de la luna que entra por la ventana.
Una sensación de autentico terror me inunda por dentro, se que hay alguien, puedo notarlo, puedo percibirlo y aún así no puedo verlo.
Me levanto e intento abrir la puerta de la habitación de mis padres, y para mi sorpresa lo consigo.
Así tengo la sensación de que otras presencias pueden ayudarme.
Vuelvo de nuevo a la cama y consigo dormirme.
viernes, 3 de julio de 2015
Cementerios
Caminaba sin rumbo por un sin fin de calles, tan tétricas como lo estaba su corazón.
No recordaba la última vez que había salido a pasear bajo la noche, con la única iluminación de un par de farolas averiadas que parpadeaban luz cuando les venía en gana y una luna llena que la mayor parte del tiempo se escondía tímida tras unas nubes con forma de lobos y de otros tantos animales feroces. O eso quería creer.
Su cigarrillo ya se había consumido, olvidado entre sus rugosos y viejos dedos de escritor fracasado.
¿Cuando fue la última vez que alguien lo había reconocido por la calle? Se preguntó triste y taciturno.
Las hojas que escribía a menudo a través de su vieja máquina de escribir habían ardido en las peligrosas llamas del olvido.
Todo había cambiado, como cambiaba él cada año que pasaba.
Cada vez más viejo, más pesado, mas dolido, y sobre todo más olvidado.
Recordó los años pasados que había vivido con asombrosa rapidez sin detenerse a pensar un poco más en si mismo.
La última vez que había tenido una idea brillante fue hacia unos quince años, quiso pensar, pero lo cierto es que solo habían pasado unos pocos meses.
Torció la calle y se internó en el cementerio, como había hecho tiempo atrás para poder imaginar tramas, escenas y personajes tétricos y asustadores para poder así escribir aquellas novelas que tanta fama le habían dado.
Sacó del bolsillo interior de su gabardina un pequeño revolver y apuntó el cañón hacía el lateral derecho de su diminuta cabeza, pesada y dolida.
Colocó uno de sus dedos temblorosos sobre el gatillo, y mientras su vista se nublaba a través de sendos lagrimones salados, apretó el gatillo.
Y allí quedó, el cuerpo de un escritor fracasado, hundido en la miseria, el dolor y la desesperación.
Nunca nadie volvió a saber de él, pues su cuerpo nunca fue encontrado. Aun no se sabe quien pudo esconderlo o quien pudo encontrarlo y llevárselo.
Pero lo cierto, es que una figura, con curvas de mujer, completamente vestida de negro, apareció unos segundos después al lado del cuerpo del escritor y posando una mano en el corazón de aquel cuerpo inerte, desaparecieron los dos.
No recordaba la última vez que había salido a pasear bajo la noche, con la única iluminación de un par de farolas averiadas que parpadeaban luz cuando les venía en gana y una luna llena que la mayor parte del tiempo se escondía tímida tras unas nubes con forma de lobos y de otros tantos animales feroces. O eso quería creer.
Su cigarrillo ya se había consumido, olvidado entre sus rugosos y viejos dedos de escritor fracasado.
¿Cuando fue la última vez que alguien lo había reconocido por la calle? Se preguntó triste y taciturno.
Las hojas que escribía a menudo a través de su vieja máquina de escribir habían ardido en las peligrosas llamas del olvido.
Todo había cambiado, como cambiaba él cada año que pasaba.
Cada vez más viejo, más pesado, mas dolido, y sobre todo más olvidado.
Recordó los años pasados que había vivido con asombrosa rapidez sin detenerse a pensar un poco más en si mismo.
La última vez que había tenido una idea brillante fue hacia unos quince años, quiso pensar, pero lo cierto es que solo habían pasado unos pocos meses.
Torció la calle y se internó en el cementerio, como había hecho tiempo atrás para poder imaginar tramas, escenas y personajes tétricos y asustadores para poder así escribir aquellas novelas que tanta fama le habían dado.
Sacó del bolsillo interior de su gabardina un pequeño revolver y apuntó el cañón hacía el lateral derecho de su diminuta cabeza, pesada y dolida.
Colocó uno de sus dedos temblorosos sobre el gatillo, y mientras su vista se nublaba a través de sendos lagrimones salados, apretó el gatillo.
Y allí quedó, el cuerpo de un escritor fracasado, hundido en la miseria, el dolor y la desesperación.
Nunca nadie volvió a saber de él, pues su cuerpo nunca fue encontrado. Aun no se sabe quien pudo esconderlo o quien pudo encontrarlo y llevárselo.
Pero lo cierto, es que una figura, con curvas de mujer, completamente vestida de negro, apareció unos segundos después al lado del cuerpo del escritor y posando una mano en el corazón de aquel cuerpo inerte, desaparecieron los dos.
domingo, 14 de junio de 2015
Fotografías.
Se sentó en su viejo sillón de cuero y atrajo hacia su regazo aquel pesado álbum de fotos que guardaba con tanto amor y orgullo.
Volvió a abrirlo como tantas otras veces, acariciando su tapa con anhelo, como si acariciando aquel álbum pudiera acariciarla a ella.
Lo abrió y se detuvo a admirar la primera foto.
Nunca había reconocido lo hermosa que estaba con aquel vestido de flores amarillo que le llegaba justo por encima de la rodilla, con su pelo rizado y salvaje que le daba un cierto parecido a un león. Con sus ojos pardos, que se volvían verdes cuando el sol se reflejaba en ellos.
Pero lo que más le tocaba el corazón de aquella foto, era la sonrisa que poseía. Una sonrisa de oreja a oreja, una sonrisa fresca, como las rosas recién cortadas.
Una lágrima rodó por su mejilla e impacto contra la foto.
Lo cerró de golpe y lo arrojó al suelo furioso consigo mismo.
Reconoció todos sus fallos, todas sus cagadas, todos sus errores. Se había ido para siempre. La había perdido. Ella jamás regresaría.
Y en su profundo pesar, muy adentro, lo reconoció una vez más.
Estaba muerto.
Volvió a abrirlo como tantas otras veces, acariciando su tapa con anhelo, como si acariciando aquel álbum pudiera acariciarla a ella.
Lo abrió y se detuvo a admirar la primera foto.
Nunca había reconocido lo hermosa que estaba con aquel vestido de flores amarillo que le llegaba justo por encima de la rodilla, con su pelo rizado y salvaje que le daba un cierto parecido a un león. Con sus ojos pardos, que se volvían verdes cuando el sol se reflejaba en ellos.
Pero lo que más le tocaba el corazón de aquella foto, era la sonrisa que poseía. Una sonrisa de oreja a oreja, una sonrisa fresca, como las rosas recién cortadas.
Una lágrima rodó por su mejilla e impacto contra la foto.
Lo cerró de golpe y lo arrojó al suelo furioso consigo mismo.
Reconoció todos sus fallos, todas sus cagadas, todos sus errores. Se había ido para siempre. La había perdido. Ella jamás regresaría.
Y en su profundo pesar, muy adentro, lo reconoció una vez más.
Estaba muerto.
sábado, 13 de junio de 2015
Penalización
Bien, acabo de leer en internet que por fin se aprobado una ley que penaliza con dos a cinco años de carcel a aquellas personas que abandonen, maltraten, o maten a un animal.
En mi opinión he de decir que estoy profundamente contenta con esta ley y profundamente feliz de que por fin aquellos cabrones y escoria social (porque no se les pueden llamar personas) sean castigados por abandonar, matar o asesinar a un ser inferior que ellos.
Cabe decir que a la vez también estoy profundamente decepcionada con esta sociedad y gobierno (otra panda de cabrones al mando claro) se hayan decidido a aprobar esta ley AHORA.
Pero vamos a ver, que estamos en pleno siglo XXI y ¿solo ahora es cuando os dignáis a aprobar esta ley? ¿En qué coño hemos estado pensando todos estos años? Que pasa ¿qué solo se han empezado a abandonar y matar animales ahora?
¿Estamos gilipollas o que?
No tenéis ni puta idea de la cantidad de veces que he visto perros y gatos, muriéndose en una puta cuneta, con heridas de gravedad, porque una panda de cabrones se decidieron a abandonarlos o maltratarlos hasta saciar su maldad.
¿Y es ahora cuando os concienciáis? Venga por favor.
Toda mi vida me he criado con animales, a algunos los he visto nacer, a otros los he visto morir, a otros los he recogido de la calle y a otros he tenido que pagar barbaridades de dinero para salvarles la puta vida, ¿y sabéis que? NO ME ARREPIENTO PARA NADA.
Ellos, ellos son los únicos que jamás, jamás en su corta vida te van a abandonar, maltratar o matar, e incluso pongo todo mi cuerpo en el fuego y aseguro que si alguna vez tu puta vida de degenerado mental está en peligro, a pesar de que le hayas pegado hasta la saciedad, ellos pondrán todo lo que tengan de su parte por salvartela, ¿por qué? porque son los únicos seres vivos, en este puto planeta, que no sienten rencor, ni maldad, ni nada por el estilo. Solo pueden sentir amor, un amor limpio, sin ataduras, son los únicos que después de una puta paliza van a venir a lamerte la puta mano, porque se creen merecedores de lo que le hagas, pero a la vez no podrán odiarte, ¿y sigues siendo capaz de ensañarte con ellos y reírte de su sufrimiento?
Mereces la puta muerte si te diviertes abandonando, maltratando o matando a cualquier animal.
Menos mal que aun puedo sentirme orgullosa que pocas personas en este mundo estén empezando a moverse y a salvarlos. ME SIENTO MUY ORGULLOSA.
En mi opinión he de decir que estoy profundamente contenta con esta ley y profundamente feliz de que por fin aquellos cabrones y escoria social (porque no se les pueden llamar personas) sean castigados por abandonar, matar o asesinar a un ser inferior que ellos.
Cabe decir que a la vez también estoy profundamente decepcionada con esta sociedad y gobierno (otra panda de cabrones al mando claro) se hayan decidido a aprobar esta ley AHORA.
Pero vamos a ver, que estamos en pleno siglo XXI y ¿solo ahora es cuando os dignáis a aprobar esta ley? ¿En qué coño hemos estado pensando todos estos años? Que pasa ¿qué solo se han empezado a abandonar y matar animales ahora?
¿Estamos gilipollas o que?
No tenéis ni puta idea de la cantidad de veces que he visto perros y gatos, muriéndose en una puta cuneta, con heridas de gravedad, porque una panda de cabrones se decidieron a abandonarlos o maltratarlos hasta saciar su maldad.
¿Y es ahora cuando os concienciáis? Venga por favor.
Toda mi vida me he criado con animales, a algunos los he visto nacer, a otros los he visto morir, a otros los he recogido de la calle y a otros he tenido que pagar barbaridades de dinero para salvarles la puta vida, ¿y sabéis que? NO ME ARREPIENTO PARA NADA.
Ellos, ellos son los únicos que jamás, jamás en su corta vida te van a abandonar, maltratar o matar, e incluso pongo todo mi cuerpo en el fuego y aseguro que si alguna vez tu puta vida de degenerado mental está en peligro, a pesar de que le hayas pegado hasta la saciedad, ellos pondrán todo lo que tengan de su parte por salvartela, ¿por qué? porque son los únicos seres vivos, en este puto planeta, que no sienten rencor, ni maldad, ni nada por el estilo. Solo pueden sentir amor, un amor limpio, sin ataduras, son los únicos que después de una puta paliza van a venir a lamerte la puta mano, porque se creen merecedores de lo que le hagas, pero a la vez no podrán odiarte, ¿y sigues siendo capaz de ensañarte con ellos y reírte de su sufrimiento?
Mereces la puta muerte si te diviertes abandonando, maltratando o matando a cualquier animal.
Menos mal que aun puedo sentirme orgullosa que pocas personas en este mundo estén empezando a moverse y a salvarlos. ME SIENTO MUY ORGULLOSA.
martes, 28 de abril de 2015
Lobos
Le dio una calada a su cigarro y lo tiró al suelo. Lo piso con sus Air Max y lo apagó.
Debían de ser alrededor de las 12 y aún no tenía ni idea de donde se encontraría.
Era demasiado tarde y aún no había vuelto.
El frío le perforaba los huesos como finos cuchillos que se clavaban en su piel.
Se obligó a tranquilizarse y a esperar con paciencia, no tardaría mucho en llegar.
O eso esperaba.
Un ruido lo alertó, como si alguien estuviera pisando las pocas hojas que quedaban después del frío otoño.
Respiró tranquilo y sonrió.
Pero no era ella.
Su sonrisa se borró de su rostro.
No era más que un lobo. Un bello y grande lobo que lo miraba desconfiado.
No tembló. No se movió, no pestañeó. Ni siquiera respiró.
No estaba asustado.
Solo estaba sorprendido.
Allí no había lobos. O al menos eso creía.
-Quieto, Fantasma - Esa voz. Reconocería esa voz en cualquier lugar - Solo es un amigo.
Y ahí estaba ella.
Tan fina.
Tan bella.
Tan fría.
Tan... tan ella.
Ella y un lobo. Un lobo y ella.
Fantasma. Así se llama el lobo de Jon Nieve ¿no?
Fantasma. El propio nombre le daba más miedo que el animal.
Jamás se habría imaginado lo que estaba a punto de ocurrir...
Debían de ser alrededor de las 12 y aún no tenía ni idea de donde se encontraría.
Era demasiado tarde y aún no había vuelto.
El frío le perforaba los huesos como finos cuchillos que se clavaban en su piel.
Se obligó a tranquilizarse y a esperar con paciencia, no tardaría mucho en llegar.
O eso esperaba.
Un ruido lo alertó, como si alguien estuviera pisando las pocas hojas que quedaban después del frío otoño.
Respiró tranquilo y sonrió.
Pero no era ella.
Su sonrisa se borró de su rostro.
No era más que un lobo. Un bello y grande lobo que lo miraba desconfiado.
No tembló. No se movió, no pestañeó. Ni siquiera respiró.
No estaba asustado.
Solo estaba sorprendido.
Allí no había lobos. O al menos eso creía.
-Quieto, Fantasma - Esa voz. Reconocería esa voz en cualquier lugar - Solo es un amigo.
Y ahí estaba ella.
Tan fina.
Tan bella.
Tan fría.
Tan... tan ella.
Ella y un lobo. Un lobo y ella.
Fantasma. Así se llama el lobo de Jon Nieve ¿no?
Fantasma. El propio nombre le daba más miedo que el animal.
Jamás se habría imaginado lo que estaba a punto de ocurrir...
lunes, 27 de abril de 2015
Demons
Y lo miró.
Lo miró detenidamente.
Observó aquella cicatriz que le atravesaba la mejilla derecha, su nariz recta y perfecta.
Miró su barbilla, prominente y sexy.
Su boca, con unos labios carnosos y rosados que invitaban a morder a cualquier chica.
Miró sus orejas. Perfectas.
Pero lo que realmente llamó su atención fueron sus ojos.
De un color avellana tan hermoso como su rostro. Con unas pestañas largas y negras que parecían querer rozar el cielo en algún momento.
Pero sus ojos eran algo más. Y quizás fue demasiado tarde cuando lo comprendió. Demasiado tarde para entender que ya estaba perdida.
Abducida.
Sin control.
Comprendió que aquellos eran un espejo de su propia alma.
Y a través de ellos pudo ver miles y miles de demonios danzando en ellos.
Como un baile terrorífico.
Como una guerra de dolor.
Dependía de ella. Dependía de ella y de nadie más. Dependía de ella vencer sus demonios. No los suyos propios. Los de él.
Dependía de ella sacar a ese rebelde sin causa de sus demonios. O quedarían sumidos los dos en ellos.
Lo miró detenidamente.
Observó aquella cicatriz que le atravesaba la mejilla derecha, su nariz recta y perfecta.
Miró su barbilla, prominente y sexy.
Su boca, con unos labios carnosos y rosados que invitaban a morder a cualquier chica.
Miró sus orejas. Perfectas.
Pero lo que realmente llamó su atención fueron sus ojos.
De un color avellana tan hermoso como su rostro. Con unas pestañas largas y negras que parecían querer rozar el cielo en algún momento.
Pero sus ojos eran algo más. Y quizás fue demasiado tarde cuando lo comprendió. Demasiado tarde para entender que ya estaba perdida.
Abducida.
Sin control.
Comprendió que aquellos eran un espejo de su propia alma.
Y a través de ellos pudo ver miles y miles de demonios danzando en ellos.
Como un baile terrorífico.
Como una guerra de dolor.
Dependía de ella. Dependía de ella y de nadie más. Dependía de ella vencer sus demonios. No los suyos propios. Los de él.
Dependía de ella sacar a ese rebelde sin causa de sus demonios. O quedarían sumidos los dos en ellos.
martes, 24 de marzo de 2015
Frío
Mirar hacia atrás es una sencilla opción que solo tu puedes escoger. Normalmente me paso la vida mirando hacía atrás en vez de fijar mi vista en todo lo que tengo delante y que aún no he recorrido.
A veces me gustaría cerrar los ojos durante un momento y soñar como habría sido la continuación de nuestra historia, sin siquiera imaginarme la posibilidad de un fin tan doloroso y trágico a como realmente fue.
¿De verdad ella te besa mejor que yo? ¿De verdad te hace sentir mejor que yo? ¿De verdad dejaste de quererme tan pronto?
Odio que esas preguntas taladren momento sea cual sea el momento del día. Pero lo hacen. Y me torturan.
Quisiera poder parar el tiempo y dejarlo suspendido en el primer beso que me diste. O en el primer "te amo", a no, espera, ahí fui yo la primera. Quisiera poder volver a sentir de nuevo tus caricias en mi cuerpo, tus besos en mi pelo, tu respiración agitada en mi cuello... Pero, ¿donde estás? ¿Donde te escondiste?
Quisiera morir y olvidar, pero lo cierto es que mi vida depende de mi, mi futuro depende de mi, todo depende de mi, y no puedo abandonar nada por ti.
Eres como una droga, dañina, cruel y punzante, que se abre paso en tu cuerpo y lentamente te va matando, pero me volví adicta, solo tu, mi droga, podía hacerme volar, olvidar, soñar... Y sin embargo, a pesar de que ha pasado un mes, aun no puedo desintoxicarme de tu recuerdo.
No quiero que vuelvas, pero tampoco quiero que te vayas del todo. Es como el cocainómano que lucha por dejarlo, pero sigue chutándose de vez en cuando.
Sigo buscándote en cada rincón de esta maldita ciudad, suplicando por verte, clamando poder mirarte de nuevo a los ojos y realmente comprobar que me olvidaste. Pero tampoco sería una buena idea, no quiero ver con mis propios ojos como otra chica, mejor o peor que yo, ocupa tus pensamientos, ocupa tus brazos y te da un calor que debería darte yo.
Quisiera odiarte, de verdad que si, quisiera hacerlo, pero ¿a quien quiero engañar? Terminaría primero odiándome a mi misma antes que a ti.
A veces me gustaría cerrar los ojos durante un momento y soñar como habría sido la continuación de nuestra historia, sin siquiera imaginarme la posibilidad de un fin tan doloroso y trágico a como realmente fue.
¿De verdad ella te besa mejor que yo? ¿De verdad te hace sentir mejor que yo? ¿De verdad dejaste de quererme tan pronto?
Odio que esas preguntas taladren momento sea cual sea el momento del día. Pero lo hacen. Y me torturan.
Quisiera poder parar el tiempo y dejarlo suspendido en el primer beso que me diste. O en el primer "te amo", a no, espera, ahí fui yo la primera. Quisiera poder volver a sentir de nuevo tus caricias en mi cuerpo, tus besos en mi pelo, tu respiración agitada en mi cuello... Pero, ¿donde estás? ¿Donde te escondiste?
Quisiera morir y olvidar, pero lo cierto es que mi vida depende de mi, mi futuro depende de mi, todo depende de mi, y no puedo abandonar nada por ti.
Eres como una droga, dañina, cruel y punzante, que se abre paso en tu cuerpo y lentamente te va matando, pero me volví adicta, solo tu, mi droga, podía hacerme volar, olvidar, soñar... Y sin embargo, a pesar de que ha pasado un mes, aun no puedo desintoxicarme de tu recuerdo.
No quiero que vuelvas, pero tampoco quiero que te vayas del todo. Es como el cocainómano que lucha por dejarlo, pero sigue chutándose de vez en cuando.
Sigo buscándote en cada rincón de esta maldita ciudad, suplicando por verte, clamando poder mirarte de nuevo a los ojos y realmente comprobar que me olvidaste. Pero tampoco sería una buena idea, no quiero ver con mis propios ojos como otra chica, mejor o peor que yo, ocupa tus pensamientos, ocupa tus brazos y te da un calor que debería darte yo.
Quisiera odiarte, de verdad que si, quisiera hacerlo, pero ¿a quien quiero engañar? Terminaría primero odiándome a mi misma antes que a ti.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)